Ser mujer en España antes de 1975 no era fácil, más bien parecía una maldición. La única opción de vida para la mujer era ser ama de casa. O como mucho, si su esposo tenía a bien concederle la conocida la licencia marital, podría trabajar o sacarse el carnet de conducir. En cambio si no obtenía dicha licencia prácticamente no podía hacer nada. Jurídicamente era nula para tomar decisiones, tan sólo se respetaba su firma en solitario si debía hacer testamento. Esta flagrante realidad se mantuvo así hasta que un grupo de mujeres juristas se empeñaron en reformar el código civil español. Entre ellas destacó María Telo. María Telo estudió en casa, al abrigo de su padre notario, que le contagió su amor por el derecho. Quería ser notaria o diplomática, pero ambas profesiones estaban vetadas para las mujeres, por lo que empezó el bachiller de Ciencias para ser farmacéutica. Con la llegada de La Republica, y la pequeña apertura que trajo para las mujeres, su sueño laboral iba a ser posible...